Cris tomándose un respiro

Si no te da la vida, tienes un problema contigo misma

Es una de las frases más escuchadas hoy. No me da la vida. Parece que si la pronunciamos, ya tenemos media disculpa lanzada para posponer alguna de las actividades que, si nos diera la vida, haríamos encantadas: una copa con las amigas, una clase de spinning, empezar aquella novela pendiente, ir al teatro, salir a pasear y sentarse en un banco a ver la gente pasar o invertir en nuestros 15 minutos de meditación mañanera.

Pero claro, no nos da la vida.

Una vida que vemos pasar (como la gente de delante del banco en el que NO estamos sentadas) y de la cual nos lamentaremos en unos años (o meses, o días…) porqué nos podría haber dado para mucho más.

No TENGO QUE hacer nada. Lo que hago, lo elijo yo. Es una cuestión de prioridades, darlings.

No sé vosotras, pero yo soy experta en llenar huecos de mi vida con todo tipo de pasiones terrenales, pasiones que dejo a medias porque claro, no me da la vida para acabarlos. Y aquí incluyo cursos y libros de cocina, desarrollo personal, copywriting o feng shui, clases de baile africano, una bici eléctrica y un sinfín de series buenísimas de todas la plataformas disponibles. Es tanto lo que me gusta, que me he olvidado de que mi día tiene 24 horas, que necesito 8 para dormir, y que, si leo recetas pero no tengo tiempo para cocinarlas, acabaré comprando procesados mientras me los como deprisa ante la tele porque tengo la bici que me está esperando para quemar la ansiedad que me provoca mi ajetreada vida.

Quizás, solo quizás, el problema sea que no sabemos administrar bien nuestras prioridades. Que, en realidad, no TENEMOS QUE hacer nada. Que todo lo que hacemos es fruto de nuestra elección y del puesto que cada cosa ocupa en nuestra lista de prioridades.

Si no tenemos claro qué va delante y qué va detrás en nuestra lista de tareas, la culpa no es de las tareas, sino de cada una de nosotras.

Escuchaba hace unos días una conferencia sobre productividad en el canal de YouTube del Instituto Pensamiento Positivo, en la cual se hizo una afirmación lapidaria: ¿sabíais que ocho horas de trabajo equivalen a dos veces “Lo que el viento se llevó”? ¡Dos veces la peli entera!! Evidentemente se refería al “no me da la vida” laboral, al correo electrónico asfixiante, a las agendas caóticas o a las reuniones improvisadas, pero si lo trasladamos a nuestra vida personal,

¿Cuántas copas con las amigas, libros leídos, paseos, clases de spinning, baile africano, recetas healthy o capítulos de series de tv podemos ver en lo que dura dos veces “Lo que el viento se llevó”??

Todo se reduce a dos palabras: organización y prioridades. Si no sabes lo que quieres, no lo podrás ordenar y si no lo ordenas, no sabrás por donde empezar a gastar tu tiempo. Porque ciertamente no es una cuestión de no tener tiempo, sino de no saber, todavía, cual es nuestro propósito en la vida.

Y tú, ¿ya sabes cuál es tu propósito en la vida? ¿Tienes hecha tu lista de prioridades de hoy?

Publicado por

Deja una respuesta